Probablemente te ha pasado.
Preparas café en tu casa todos los días.
Usas el mismo grano, la misma taza e incluso la misma cantidad de azúcar.
Y la verdad es que no siempre tiene que ver con el café.
Pero un día sales, te sientas en una cafetería, das el primer sorbo y piensas:
"Aquí sabe mejor."
Y la verdad es que no siempre tiene que ver con el café.
Tiene que ver con todo lo demás.
El aroma.
La música de fondo.
La conversación que estás teniendo.
La luz que entra por la ventana.
La sensación de no estar pensando en lo que viene después.
Nuestro cerebro no disfruta las cosas de forma aislada.
Disfruta experiencias completas.
Por eso una comida sabe mejor cuando la compartimos.
Por eso una película es distinta en el cine.
Y por eso un café puede sentirse diferente cuando alguien más se encargó de prepararlo para ti.
Hay algo especial en no tener que medir, hervir agua, lavar la taza o volver corriendo a la rutina.
Durante unos minutos, la única tarea es disfrutar.
Quizás por eso algunas de las mejores conversaciones ocurren con una taza de café.
Quizás por eso muchas ideas nacen en cafeterías.
Y quizás por eso, de vez en cuando, vale la pena dejar que alguien más prepare el café.
No porque en casa no quede rico.
Sino porque a veces lo que realmente necesitamos no es un café.
Es la sensación de no tener prisa.
Escrito por: Gabriela Prieto
Equipo Lungo Restaurante & Cafetería